Fics Spanish HP Fakes

Mostrando entradas con la etiqueta Liesel Lehner. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Liesel Lehner. Mostrar todas las entradas

PoV Jakob

Las lágrimas inundaban mis pequeñas y frías mejillas. Me abrazaba a mí mismo intentando dejar de sentir frío pero era imposible... tenía miedo. Entonces escuché una voz... su dulce voz. Se acercó a mí y se sentó a mi lado, me sonrío y apartó mis lágrimas con sus suaves manos. Me sonreía y cogió entre sus pequeñas manos las mías aún más pequeñas. Mi dolor no pudo llevárselo con ella pero desde ese día mis lágrimas fueron algo más dulces. Quien siente frío de niño, lo siente durante toda su vida. Yo puedo sentir ese frío. Puedo ver a lo lejos las luces de una ciudad que duerme a través de esa ventana en la que paso los días esperando su regreso. "No volverá", me repito a mí mismo todos los días de mi vida. "El último día se fue para siempre." Pero luego siempre viene en los veranos... ¿Y si algún día no vuelve?. Rodeo con mis manos mis tobillos sin dejar de observar aquellas luces a lo lejos. "¿Dónde estarán?" Me pongo de rodillas en la cama y miro al cielo. Hay estrellas pero sigue habiendo oscuridad. Las estrellas parpadean en un oscuro cielo nocturno. Agarro el oso de peluche que descansa a mí lado. El cual ha pasado los años conmigo. Apoyo mi mano en el frío cristal sin dejar de contemplar las parpadeantes estrellas en el cielo. Brillan pero no alumbran lo suficiente. La hecho de menos. Desde el principio sus manos secaron todas mis lágrimas. Me siento muy solo, más aún desde que ella se fue. Ella me dijo una vez que las personas que amas nunca se van del todo, pero ella está tan lejos que ya apenas puedo sentirla. Me aparto de la ventana y me siento en la cama abrazado a mi peluche sin dejar de mirar a la ventana. Las lágrimas comienzan a rodar por mis mejillas. "No estás sólo." Intento que sus palabras me hagan sentir que no estoy solo pero es imposible. La soledad me asfixia. Siento miedo. Mis lágrimas bañan mi rostro. Abrazo el viejo peluche que duerme en mi regazo. Ella me ayudaba a sentirme un poco menos sólo y ya no está. Noto como el frío se cuela a través de mi pijama el cual ya se me ha quedado corto. Cierro los ojos y la recuerdo. "Siempre a tu lado, nunca lo olvides.". "Mientras me recuerdes estaré a tu lado siempre."


PoV Liesel

Siempre con su ausencia. Siempre intentando acostumbrarme a vivir sin esas sonrisas, sin esas lágrimas que solo yo sabía consolar... siempre asomada a la ventana con la triste ilusión de volverle a ver, pues los días sin él se vuelven amargos. Me alejo del frío cristal y me acerco a mi cama. Tomo aquel peluche entre mis manos y lo llevo contra mi pecho abrazándolo con fuerza, cerrando los ojos, conjurando en mi mente el momento en que me lo dio, el momento que más me dolió... Aquel instante en que mi alma se partió en dos... Sé que una parte de mí se quedó encerrada para siempre en el orfanato, en Frau Holle... perdiéndose entre todos esos niños huérfanos, perdidos, solos... Siento el cosquilleo de una lágrima descendiendo por mi mejilla al recordar la tristeza de sus ojos cuando mis dedos soltaron los suyos. Me alejaba de él... Recuerdo que después abracé con fuerza el peluche que me regaló intentando no perder su esencia. Ese fue el día en que supe que, por mucha distancia que nos separara, siempre estaríamos juntos... Siempre brillará en el cielo la misma luna, Jakob, siempre... -susurro abrazada a mi peluche en mi solitaria cama recordando el día de la despedida... cuando me miraba con su inocencia y sus ojos azules llenos de lágrimas. Le sonreí, revolví su negro cabello como hacía cuando quería hacerle reír.- Siempre estaremos juntos, pequeño, siempre... -y, tras dejar un beso en su suave mejilla, sostuve su mano con fuerza. Me entregó su oso de peluche, ese con el que compartía sus sueños y yo le regalé el libro de cuentos que siempre le leía por las noches, sabiendo que volvería a leerlos una y otra vez... Dolió, su última mirada, su última sonrisa... dolió cuando sus dedos resbalaron alejándose de los míos... Siempre se repite ese último instante en mi memoria, cuando duermo en mi cama vacia... Me abrazo a mi peluche, su peluche. Y cierro los ojos en la soledad fría de mi dormitorio. "Mientras me recuerdes estaré a tu lado siempre."

Dedicado a Jakob
Read More …

Temblaba... Recuerdo que temblaba y todo me parecía inmenso.
La mano que me sostenía me daba la seguridad que buscaba a la misma vez que me arrebataba todo lo que había poseído hasta hace tan poco tiempo. Pero sentía que estando a su lado, estaría segura.
Caminaba entre el gentío sin darme cuenta de si mis pies respondían a sus pasos, sin apenas notar los golpes que chocaban contra mi cuerpo por no alzar la vista del suelo.
Hoy sería el primer día que sostendría una varita con la que la magia podría nacer de mí... Ahora solo faltaba adentrarme en ese paraíso desconocido y comenzar a escribir mi historia bajo el yugo de la magia que me había hecho amarla tanto como odiarla.
Recuerdo la flaqueza de mis piernas cuando mi tutor soltó mi mano invitándome a adelantarme a sus pasos en el desconocido lugar tras cuyo mostrador se ocultaba un hombre viejo pero de infinita inteligencia y sabiduría.

-Señor Niemann... -murmuró a modo de saludo mientras una breve sonrisa curvaba sus labios antes de extender la mano esperando que fuera estrechada.-
-Señor Ollivander...-dijo mi tutor estrechando su mano con firmeza.-
-Es un verdadero placer verle por aquí, señor.- Ollivander fijó su vista en mí y flexionó las piernas con sorprendente facilidad. Posó sus manos en sus rodillas inclinándose hasta posar sus ojos en los míos.
Pude ver las arrugas que surcaban su rostro y las que enmarcaban sus ojos. Sus blancos cabellos caían a ambos lados de la cara y su sonrisa era noble y amable:
-¿Busca una varita para la jovencita, Niemann?- Preguntó observando mis ojos antes de erguirse y posicionarse de nuevo tras el mostrador cuando escuchó la afirmación de labios de mi tutor.

-Va a dar comienzo una gran aventura para la pequeña y la varita es lo único que nos falta para completar su equipamiento antes de pasarnos por la tienda de animales.- Explicó mi tutor mientras sostenía mi mano tirando delicadamente de ella hasta que la soltó cuando me apoyé sobre la plana superficie oscura en la que yacían algunas cajas de varitas y complementos varios entre los que se hallaba una escribanía y varios papeles en blanco y algunos tintados.
-Bien... veamos...-escuché decir al señor Ollivander mientras alargaba las manos para alcanzar una caja de color púrpura que abrió cuando se detuvo tras el mostrador, frente a mí.
Extrajo una bonita varita de madera clara esculpida con detalles en relieve en el mango. Mientras me la tendía, detallaba sus características:

-Castaño. Núcleo de nervios de corazón de dragón. Veinticinco centímetros. Rígida.- Alargué mi mano tomándola con el mismo cuidado con la que me la entregaba él, bajo la atenta mirada de mi tutor sobre mis temblorosos dedos huesudos.
-Símbolo de aprendizaje y conocimiento oculto.
Para las personas vivaces y sensibles ante la compañía, en la mayoría de las ocasiones, por falta de seguridad en ellas mismas, incomprendidas... Personas sensibles e independientes aunque autoritarios. De carácter soñador y constructivo, pueden ser encantadores cuando se les conoce...-

Escuchaba en silencio cada detalle acerca de la varita. Entonces calló y, con la mirada, me instó a agitarla. Con mi torpe inexperiencia, moví la muñeca con la vista fija en ese montón de papeles que, quizás por la suerte del azar, habían captado mi atención.
Todos se arremolinaron en un torbellino movido por una extraña fuerza de aire que los terminó soltando haciendo que estos se disiparan y cayeran en el aire. Algunos se hicieron añicos que flotaron en el espacio. Pude ver el gesto de desazón del señor Ollivander antes de decirme que esa no era la varita indicada para mí...
Me la quitó de la mano y la dispuso de nuevo en su caja apartándola a un lado. Se perdió de nuevo entre las miles de cajas rebuscando mientras murmuraba palabras ininteligibles y mi mirada se posaba en la atenta mirada del hombre que me acompañaría en mi nueva vida, desde hace ya un tiempo, que para mí se volvió eterno.
Volvió con otra bonita caja algo más alargada y de un bonito color azul casi negro. La abrió con suma delicadeza y la sostuvo en sus manos. Con su vista fija en la mía, su voz volvió a hablarme:

-Debe ser parecida... -Escudriñaba mis ojos con acostumbrada certeza, sabiendo que, acertaría enseguida, pues mi tutor me había dicho que nunca fallaba. Me tendíó la nueva varita y la sostuve por la empuñadura mientras me anunciaba cada detalle: -Abeto. Núcleo de pelo de unicornio. Veintisiete centímetros. Rígida.
La observaba con admiración mientras sentía algo extraño. Una rara familiaridad me hacía notar que esa sería la varita que me escogería.
-Pruebe, señorita... -dijo el señor Ollivander dedicando una mirada serena a mi tutor, que aguardaba en silencio a la espera de la confirmación de que esa sería mi varita. Agité esta con suavidad hacia un móvil que pendía de una de las paredes. Sus cuentas chocaron con un armonioso movimiento que produjo un suave tintineo melodioso.

-Símbolo de luz mística. De extraordinario buen gusto, sobria y sofisticada. Afectuosa, a menudo desconcertante, ya que eres bastante secreta e introvertida. Misteriosa e inaccesible Amas la belleza, pero también eres temperamental e intransigente. Te preocupas por aquellos que de verdad te importan. Eres una persona, en general, modesta. Eres muy ingeniosa, de amigos y enemigos, muy confiable. Eres reservada aunque muy leal a tus amigos. Por eso, en muchos momento, podrás comunicarte con facilidad y entusiasmo mientras que, otras veces, se te podrá ver solitaria y huraña, huyendo del mundo...
Posees una fascinante inteligencia ecléctica que te permitirá éxito. Tu originalidad te hará destacar entre los demás, para bien o para mal. Un cierto sentimiento de inferioridad te acompañará casi siempre. Pero cuando poseas un amigo, serás fiel y leal a él. Al igual que te atrairá más la  brillante intelectualidad de estos que un interés más allá de lo físico o material.
Esta varita te ha elegido, pequeña, y dudo que la relación establecida entre ella y tú desde ahora, pueda romperse, pues las que poseen núcleo de pelo de unicornio son las más fieles.- Escuchaba en silencio con admiración afirmando a cada palabra sintiendo que ese mágico mundo en el que empezaba a vivir me embaucaría.

Miró a mi tutor cuando este le preguntó por su precio mostrando una sonrisa satisfecha: -37 galeones y 2 sickles, señor Niemann. -Dijo mientras guardaba la varita en la caja después de que yo se la tendiera. Me aconsejó que la cuidara bien antes de entregármela con un gesto amable.
Hecho ya el pago, despedimos al señor Ollivander y salimos de la tienda reanudando nuestro camino por el Callejón Diagón dispuestos a terminar con las compras.
Mi tutor no me soltaba de la mano ni un solo instante, y yo me sentía extraña en un lugar cuyo suelo jamás habría imaginado pensar: -Tu nueva vida ha comenzado a avanzar, pequeña... -Me dijo haciendo que sintiera temor a lo venidero pero sintiéndome sorprendentemente más protegida al saberme en posesión de la varita que me acompañaría a lo largo de mi vida.

Es curioso como algo te puede parecer tan conocido como ignorado, tan certero como extraño... Pero ese día, supe que seguía siendo la misma niña que abandoné a la espera de quimeras lejanas. Y que jamás me abandonaría, pues hoy no acaba nunca. Y ahora era cuando mi "hoy" comenzaba dejando atrás cada "ayer"...
Read More …

¿Cómo eras, mamá?, ¿qué te gustaba hacer?, ¿cuántos cuentos te habría gustado contarme?
Mamá, ¿por qué te fuiste tan pronto? ¿por qué no me diste tiempo para sentirme entre tus brazos?

Si pudiera verte aunque tan solo fuera una vez... Si pudiera bajar esa estrella del cielo en la que late tu corazón inmortal... Solo para verte, solo para abrazarte...
Pero no puedo... Y sé que no te dejaría ir si pudiera abrazarte... No te irías nunca, mamá, nunca...

Abrí los ojos sintiendo el rastro cálido de una lágrima y pronuncié por vez primera esa palabra que nunca pudo escuchar... Esa palabra eterna que se evaporará para posarse en su regazo: mamá...
Apoyé la cabeza en mi almohada dejando caer en ella las lágrimas que se deslizaban con suavidad. La primera palabra que debe decir un niño, pronunciada por primera vez a los dieciséis años sin una dueña que sea su reina... Una palabra que se quebró.

Cerré los ojos imaginando su rostro, como tantas otras noches, sin saber que, días después soñaría con ella y plasmaría mis palabras en papel para que el tiempo y el recuerdo las guarde en su memoria. Solo para ella, solo para ti, madre:

"Una hermosa joven de cabellos dorados me ha sonreído esta noche mientras soñaba. El sol resplandecía a su espalda y la eteridad y la magia la envolvía. Parecía fundirse con la brisa en la soledad y el silencio. Sus ojos brillaban y una dulce sonrisa curvaba sus labios.



Mamá, quiero pensar que eras tú. Quiero pensar que tratabas de protegerme mientras dormía, como nunca pudiste hacer...

Quiero pensar que con esa sonrisa tratabas de decirme que estabas bien, que mis lágrimas solo conseguirían entristecerte... No sabes cuantas noches te he llorado por no poder haberme sentido nunca en tus brazos. Pero te pienso al lado de papá, feliz allá donde estés... Sin soltar su mano, dejando que guie tus pasos y tú los suyos...

Mamá, no sé si tú y papá o simplemente la mera fortuna o el sabio Tiempo me han regalado lo que más valoro en este mundo, pero tengo a alguien por quien luchar.

A pesar de todo el sufrimiento en el orfanato en el que crecí, he tenido la oportunidad de hacerme mayor al lado de unos niños maravillosos a los que siempre llevaré en mi recuerdo, pues muchos se han ido ya... Ahora solo ansio que llegue el verano para reunirme nuevamente con mi pequeño Jakob.

En el castillo, todo es doloroso sin él, pero hay personas que entienden como soy.

Mamá, me hubiera gustado poder crecer en tu valiosa compañía, aprender de ti, dejarme llevar por el seguro camino que me marcaran tus pasos, escuchar tu voz cantándome antes de dormir.

Esos meses en los que tú fuiste yo y yo fui tú siempre vivirán en mí aunque no pueda recordarlo. Y esa palabra que nunca pude decirte, dormirá en mis labios cada noche para que, en mis sueños, pueda hacer eco en la memoria y llegar a tu oído como un susurro lejano.

Te quiero, madre."


 Allá dónde estés, gracias por ser mi madre, gracias por darme la vida, gracias por haber existido...
Read More …

«Hace mucho, mucho tiempo... en una lejana villa olvidada por el mundo,más allá de cualquier frontera,vivía un relojero con miedo al Tiempo. Las gentes que le conocían decían que la mayor locura le había poseído y ahora era siervo de una profunda melancolía que le hacía ser un hombre huraño temido por todos los niños de la pequeña villa. Se hacía llamar Neminem, pues era lo que él decía ser
 Y es lo que era... Nadie... Nada... La ausencia del Todo, el vacío... Cuentan que el poder del tiempo y la ambición llevaron a Neminem a ansiar la inmortalidad y el ansia por ser eterno. Quería ser un héroe, conseguir detener el tiempo, luchar contra su voluntad cesando su recorrido ante el inminente pasar de los años. Buscaba en cada reloj el mecanismo que hiciera que todo estuviera en su mano. Pero cada día que pasaba, aunque la desazón le enturbiaba, el hombre desistía en la posibilidad de dejarlo todo...
Pasaban los años y Neminem no cesaba en su empeño por obtener el poder de controlar el tiempo. Sus manos, ya viejas y torpes, trabajaban hora tras hora en la construcción del reloj más complejo que jamás había sido creado. Y no era un reloj grande, con delicados grabados o piedras preciosas, sino, un reloj pequeño, de plata envejecida y agujas sencillas. Pero quizás fuera su mecanismo lo que lo hiciera diferente o, al menos, eso pensaba el viejo relojero. Pero el tiempo seguía su curso y el reloj seguía avanzando...

Cuentan que había un niño que no temía a ese hosco viejo que vivía solo en la casa más solitaria de la villa. El pequeño se aventuró a acercarse a la casa del anciano al que todos llamaban Neminem, con la esperanza de vivir una simple aventura que demostrara su valentía ante los demás habitantes.
El huraño relojero le vio llegar una mañana mientras trabajaba en la construcción de su reloj apoyado sobre el alféizar de su ventana. El niño detuvo sus pasos ante este observándole ensimismado como quien ve algo irreal frente a sus ojos. Neminem elevó la vista por encima de sus gafas:

-¿Qué quieres niño? ¿Qué vienes a buscar? ¿No ves que estoy trabajando?- le reprendió el viejo relojero con brusquedad. El niño permaneció inmóvil, ni siquiera se asustó... Ante esa reacción, el viejo se detuvo y miró al niño. Algo cambió en él, algo le hizo ver más allá. Se recordó años atrás, cuando no temía nada y merodeaba por el mundo en busca de aventuras:

-¿Qué es eso, señor?- preguntó el niño con su inocencia infantil. El hombre no le contestó. Tomó su reloj casi acabado y se lo mostró: -Estaba tratando de construir un reloj capaz de detener el tiempo.- Se fijó en la curiosa mirada del pequeño y este le regaló una sonrisa:

-Pero no hay poder capaz de conseguirlo- dijo el hombre al fin dando por imposible su deseo. Guardó el reloj con fuerza en su mano y escuchó la voz del pequeño irrumpiendo en su instante de descanso:

-¿Puedo quedármelo?- dijo sin importarle nada más. Neminem miró el reloj apesadumbrado: -Dame unos segundos de tu tiempo y el reloj estará acabado-.
El pequeño asintió y aguardó paciente sentado bajo la ventana del relojero. Cuando el hombre dio por acabada su obra, le tendió el reloj al pequeño pendiéndolo de una cadena. Este lo tomó con ilusión y corrió al lugar donde vivía. Pero el viejo sentía que algo le abandonaba...

Dicen que el niño colgó de su cuello el hermoso reloj de plata vieja y jamás se lo quitó. Pero no se supo jamás que pasó con Neminem... Sin embargo, algo quedó marcado para siempre en ese su reloj: una inscripción que solo los que quisieran detener su tiempo entenderían: »
"Neminem habet potestatem Tempus"

  Nadie tiene el poder del tiempo, aunque sea el sueño y el mayor anhelo de muchos... Quizás por eso, ese viejo al que llamaban "Nadie" desistió en su intento de controlarlo... Pues solo quienes sabemos apreciar los pequeños gestos, tenemos el poder del tiempo en nuestras manos... Esas pequeñas cosas que nos hacen eternos...
Siempre...

Dedicado a Amelia Lilith Pond, Vera Lynch y Jakob
Read More …

"Un fantasma errante... eso soy, así me siento... Un fantasma errante que teme no lograr su mayor anhelo... Un fantasma errante que vaga por el mundo con la esperanza vacía de no temer nada algún día... Pero, ¿cómo no temer aquello que desconocemos? Todo es ausencia... todo se pierde en el oscuro abismo de un sueño dormido... Sigo siendo esa huérfana temerosa que abandonó Frau Holle con la espina del dolor clavada en el pecho... Sigo siendo esa huérfana que ansiaba tanto como negaba, la presencia maternal que la sacara de esos muros en los que crecí... Los muros que me vieron llegar un día en que el llanto rompió el silencio... Pero era mi hogar... Odiado a la vez que amado... Temo despertar en el día en que al fin pueda volver a ese mi hogar... Temo atravesar sus puertas y no hallar alguna de esas sonrisas. Temo no cruzarme con el azul mirar de mi pequeño Jakob... Pero anhelo ese día como ninguno otro.

«Gente como tú» gente huérfana... Gente sin padres, gente que nunca ha conocido el amor de una madre, ni la protección de un padre...  niños que empiezan a vivir solos, que siempre tienen frío, que simpre sentirán ese hueco vacio perforando su alma...Llantos desgarradores en mitad de las noches... Horas frente a la ventana... Esperando, siempre esperando... Miradas que se pierden en lontananza... He sentido el miedo en mí, he sentido la tristeza, el dolor, el frío... He sentido el amargo abrazo de la sombría incertidumbre...
El sol en mis ojos... Penetrando por el límpido cristal de la ventana... Esos niños siempre soñando, siempre queriendo ser protegidos... Los cuentos narrados a la luz de la titubeante vela cuando la luna nacía... Y mis ansias por protegerles, mis ansias porque no echaran en falta todo aquello que anhelaban... Gente como yo... gente que ha aprendido sola... Recuerdo cuando llovía... Las noches de tormenta consolándoles, luchando por vencer sus miedos... Mis lágrimas dolían, pero aún más las suyas... Recuerdo cuando llovía... El agua se deslizaba por los muros del sombrío lugar... Eran las lágrimas de todos esos niños... Tantas noches guardándolas en su almohada, tantas noches de gritos ahogados... Los llantos de esos niños... Requiem de la soledad y la melancolía... Notas de dolor...

 Por todas las veces que intenté ser lo que no podían tener... Por todas las veces que les mecí entre mis brazos... Por todas las veces que les dije que me llamaran cuando sintieran frío... Por todas esas veces que serán eternidad, aquí estoy, luchando por ser como soy... luchando por ser quien siempre he sido sin importarme nada más... Sin importarme lo que piensen de «gente como yo»..."
Read More …