Fics Spanish HP Fakes

Mostrando entradas con la etiqueta Pensadero. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pensadero. Mostrar todas las entradas

Horas que vuelan, minutos que se apagan, segundos que carecen de sonido... de eso estamos hechos...
Somos fantasmas del recuerdo. Triste vals que en silenciosa danza se convirtió. Triste sonata que en requiem resurgió.
Nos mece el viento como a las hojas a mansalva; nos silencia el silencio como un grito al débil; nos dejamos llevar por la mano del fuerte; somos quiénes dejamos de ser porque fuimos quien siendo quiénes éramos somos.
No hay reloj capaz de no hacernos mirar hacia atrás, pues lo que hemos vivido, ya está vivido.
He sentido los tibios dedos efímeros e inexistentes de unas manos que tan siquiera sé si existen. Su caricia es sutil y tierna. Su roce, pugna por vencer las penas que asolan el cuerpo abatido de quien teme sin saber que viviendo siente miedo.

Cántico fantasmal que solo se escucha en sueños, que nace en mi imaginación, que apenas sé si existe. Abrigo frío de la ausencia sobrecogedora. Silencio latente del pasado entre sombras y luz.
Observaba respaldada por la umbría entre la pálida claridad del sol que se filtraba por el pulido cristal de la ventana.
Siempre sola, siempre triste... El taciturno rostro ensombrecido por la negrura que la envolvía. Las mustias rosas sufriendo el tormento que no es suyo, sino de la bella rosa que con sus dedos frágiles y ya cansados, acariciaba las notas que nacían para morir en oídos de nadie y de todos.

Yo, como su sombra, a tan solo unos pasos de entrar a la sala, sentarme con ella, tocar juntas el piano que nunca aprendí a tocar, decirle "te quiero" y quedarme a su lado para siempre.
Pero nunca mis pasos se adentraron en esa sala, nunca me senté a su lado, nunca tocamos juntas el piano, nunca le dije "te quiero", e incluso nunca me quedé a su lado para siempre.



Afligida y con el dolor como una pesada carga de plomo sobre la frágil espalda que se me antojaba de débil cristal, emprendía siempre el camino de vuelta a ninguna parte, pero lejos de ella, la persona que abandoné hace tanto sin nunca haberla abandonado.
Tantas veces protegiéndola, tantas veces luchando con los demonios que amenazaban con invadir sus sueños y morar en sus noches, tantas veces maldiciendo hasta al suelo que le hacía daño al caer, tantas veces suplicando que no temiera para no tener miedo yo... Y ahora la estaba dejando sola en el mismo lugar que yo tanto temía: el olvido

Pero nunca estaba sola... Aunque ella no lo supiera, hasta en sus noches en vela yo fingía que dormía para estar a su lado si me necesitaba. Hasta cuando creí odiarla me odié a mí misma por querer odiarla. Hasta cuando creía que la odiaba me sorprendía gritándola "te quiero" en silencio, pero a voces... porque se puede gritar sin voz, se puede reír sin risa y se puede llorar sin lágrimas...
Ahora no sé si la odié a ella o me odié a mí. No sé si me salvé a mí o a ella. No sé si es mi voz la que habla o la suya. No sé si es mi aire el que respiro o el suyo. No sé si es mi voz la que escucho, mis ojos los que miro, mi pelo el que toco, mi aroma el que respiro, mi silencio el que escucho, mi corazón el que late...

Su Caja de Pandora... Esa soy yo... Quien guarda sus miedos, quien acoge su mal, quien sepulta sus temores para nunca dejarlos salir y guardar su sufrimiento, quien se alza victoriosa ante cualquier lucha aunque haya sido derrotada, quien en silencio habla todo lo que  duele en su alma, quien en sus secretos esconde el veneno de esos temores que me hacen invulnerable a cualquier mal.
Escucho, callo, guardo, escondo, camuflo, finjo, silencio, callo... derroto, rompo, oculto, callo... Siempre callando...
Silencio secreto... Silenciando al propio silencio si el silencio doliera más que su propio silencio.
Ahora tengo en mis manos la llave que guarda todos sus males, todos mis males, todos nuestros males... Miedos y quimeras que se rompieron... Otras que nacieron y que temen morir. Sueños resquebrajados que temen ser entregados al olvido...

He roto la oscuridad que reflejaba la perpetua sombra tras sus pasos. Ya no soy la sombra que, muda en su sigilo, perseguía la huella que quedaba en el pasado a cada segundo que este moría dando a luz a un nuevo futuro.
Ahora vuelvo a ser esa niña que se sentaba junto a ella en el piano. La misma que sigue sin aprender a tocar. Esa que teme lo que está por venir. La misma que odia tanto como ama lo que ya quedó atrás.
Llorar sigue doliendo, pero duele menos si sus manos vuelven a enjugar mis lágrimas; si son sus ojos los que vuelven a mirarme; si son sus labios los que me sonríen... Duele menos si es su mano la que me levanta si me caigo, si son sus brazos los que me estrechan si me falta el aliento, si son sus palabras las que sanan mi tiempo desperdiciado...
Pero ya no soy esa sombra...

"Más que mi propia vida"... Así reza este final que nace para sumirse en el vacío de lo que nunca será y pudo ser. Pero nunca el tiempo se pierde y, ahora, como un recodo en la solitaria esquina de un callejón oscuro apartado del mundo, como el siseante soplido del viento en las calladas noches, como esa esquina silenciosa, o el hueco desolado, callo y silencio mis palabras que nacen para ser la voz del silencio que agoniza entre las letras mudas de lo que se ha escrito y, sin voz,  pide silencio a gritos.



Read More …




Durante mi estancia en Dragen (la aldea más cercana a Durmstrang), me alojo en una cómoda posada, cuyo dueño Karl Svazzgen, me habló del Cementerio de Dragen, en el que tal vez pudiera encontrar algo de información sobre la familia Grindelwald-Galder.

Los Grindelwald-Galder son la familia del primo hermano de Gellert Grindelwald, formada por Ronan Grindelwald y Ada Galder, proveniente de una familia de magos famosos en Noruega por su estatus de sangre pura y por estar muy relacionados con las Artes Oscuras.

Al final de la aldea, donde se encuentra el embarcadero en el que atraca el famoso barco que traslada a los alumnos hasta el Instituto Durmstrang, se encuentra el Gamleveien (Camino Viejo) Karl me había hablado de que, a través del Camino Viejo, se llevaba al viejo cementerio.
Por el camino puedo ver pequeñas casas con aspecto de abandono. Todas ellas, tienen el mismo aire gótico y siniestro del pequeño pueblo medieval. 

Al final del camino de subida del Gamleveien, puedo ver la parroquia gótica, un puñado de ruinas. Un letrero de madera, indica que tras esta, está el cementerio.

El cementerio está cercado por una tapia semidurruída con el enunciado Gravlund (Cementerio en lengua Noruega). Las tumbas son góticas, siniestras, y el ambiente está cargado de tristeza. No hay ninguna lápida con el apellido Grindelwald, pero poco después reparo en un Mausoleo de piedra, con la inscripción GRINDELWALD - GALDER

Me aparezco dentro del Mausoleo. Es de planta circular, y el aire está viciado y es húmedo. En el centro hay dos lápidas de estilo medieval. Son las tumbas de Ronan y Ada, cuyas figuras mortuorias sobre la lápida, se dan la mano en señal de amor eterno.

Alrededor, están el resto de las tumbas. Veo la de Aimeé Raven, segunda esposa de Ronan, y madre de Stanislav, enterrado junto a ella. También veo la tumba de Maximilian y su esposa Melanie Rainer. Solo veo una tumba más aparte de la de Melanie y Maximilian, la de Agathe Grindelwald, cuya fecha de nacimiento y muerte solo dista trece años, y en cuyo epitafio puedo apenas traducir del Noruego original según mis escasas nociones, que falleció trágicamente a causa de una enfermedad virulenta. Pero no hay rastro de la tumba de Vladislav Grindelwald, hijo de Maximilian. 

¿Donde está?

Por la tarde le envío a mi cuñado Percy una lechuza pidiendo que busque en los registros del Ministerio cualquier dato sobre Vladislav Grindelwald. Me devuelve la lechuza diciéndome que Vladislav murió a manos de los Aurores en la Segunda guerra Mágica, ya que luchaba al lado de Voldemort, pero esa es la única información que puede darme.

Mi búsqueda debe continuar. 

Read More …



Hoy he salido de la posada, de noche. Quería volver a acercarme al embarcadero, ver si de verdad, en Cliff Huset, había una luz encendida.
 Llegué al embarcadero en noche cerrada. De lejos podía ver la casa del Acantilado, alzándose sobre el embravecido mar del norte, y distinguí una luz parpadeante en su interior. Cuando estaba ahí, oí un ruido. Desde el Gamleveien (Camino Viejo), una anciana con un pañuelo negro atado a la cabeza, caminaba hacia mí, sosteniendo un farol con una vela encendida.
   -Unge mann, ikke gå alene i disse delene ... En skygge bor disse skogene (1)
 Me acerco a ella un paso y la digo:
   -Disculpe, no la entiendo...
 La anciana señala la casa del acantilado.
  -Huset er forbannet. Og skygge beskytter(2)
Yo miro la casa que señala. La pregunto:
   -¿Quien vive ahí?
 Pero ella tampoco me entiende.
  -Hun lar ikke hvem som helst i nærheten av huset. Gå hjem(3)
 Y diciendo esto, continua su camino hacia la aldea, mientras yo contemplo la casa, y la débil luz encendida en su interior. Pero mientras contemplo la oscuridad del Mar del Norte, siento una presencia. Alguien me observa. Escudriño el sendero que lleva hasta Cliff Husset, lleno de árboles y arbustos nevados. La negrura de éste parece infranqueable. Siento que alguien me observa desde allí.
   -Lumos
Digo, y enciendo una pequeña luz. Pero no es suficiente.
   -Lumos Máxima!
 La luz atraviesa la negrura, y veo una sombra acurrucada entre los matorrales, una mujer envuelta en una capa negra, cuyo rostro no alcanzo a ver. Esquiva mi Desmaius y huye entre los árboles, mientras yo la persigo. Corro tras ella a través del bosque, mientras los dos nos lanzamos hechizos que nos esquivamos el uno al otro, hasta que finalmente un Desmaius la derriba. Cuando está inmóvil y tendida de bruces sobre la nieve, corro hacia ella, pero de pronto se gira hacia mi
   -¡Expelliarmus!
 Exclama, y la varita sale despedida de mis dedos. reacciono con rapidez para volver a recuperarla, pero ella es más rápida que yo y su hechizo me da de lleno lanzándome varios metros hacia atrás. Cuando trato de incorporarme, la Mujer de la Capa está muy cerca. Alza la varita y me apunta con ella:
   -¡CRUCIO!
 Grita. La maldición imperdonable me invade, siento la potencia de su magnitud en mis músculos. Noto como si millones de alfileres ardientes se me clavaran en el cuerpo. Trato de no gritar, y de mantenerme firme, pero el dolor me acaba derribando y me retuerzo sobre la nieve a merced de la mezquindad de aquella mujer.
 Cuando finalmente, tras insoportables segundos bajo tortura, ella suelta el hechizo, se agacha y me coge del pelo para levantar mi cabeza, acercando su cara a la mía. Masculla:
   -No vuelvas a acercarte a este sendero, Harry Potter. Ten cuidado. Tu y tu encantadora mujercita.
 Tras decir esto, me suelta y se va, corriendo entre los árboles, mientras que yo, impotente, veo como se escapa.




 (1)Joven, no vayas solo por estos lares ... Una sombra habita estos bosques
 (2) La casa está maldita, y la sombra la protege.
 (3)Ella no deja que nadie se acerque a la casa. Vuelva a casa. 
Read More …


New Appletown es una pequeña aldea semimágica al sureste del condado de Kent.
 Harry James Potter me ha mandado a investigar el reciente suceso de un crimen a una nacida de Muggles que fue asesinada por la Maldición Letal en la madrugada del 19 de Marzo.

 Aquella mujer, Margareth Lovelly, no tenía enemigos. Tenía un pequeño taller de costura en la calle más concurrida de la aldea, y casi todo el mundo la conocía. Cuando llegué a New Appleton, sentí algo dentro de mi, que me decía que algo iba a cambiar. El autor del crimen podía ser cualquiera de los habitantes de New Appleton. Utilizando el hechizo Priori Incantato, pude dilucidar que ninguno de ellos había realizado la Maldición Letal, pero cabía la posibilidad de que alguno de ellos utilizara una varita secundaria para tal fin, enmascarándose tras la limpieza de la suya.

 Por esa razón, y como medida preventiva que todo Auror realiza llegados estos casos, investigué el registro de varitas comparándolos con los nombres de los habitantes, y aunque todas las varitas compradas eran las mismas que tenían, seguía cabiendo la posibilidad de que alguno de ellos, hubiera comprado una varita perdida, robada, o requisada, a cualquiera de los traficantes de varitas, tan propios en estos tiempos entre los pícaros y rufianes.

 Hace apenas un rato, el alguacil y también alcalde la New Appleton, mago sexagenario y amable, ha llamado a la puerta de la única posada de la aldea, donde me alojo. Su semblante, ya auguraba malas nuevas.

   -Han encontrado muerto al hermano de Margareth...

 Me ha dicho. Me puse el abrigo y armada con mi varita, me fui con él al lugar donde habían encontrado al hombre, junto a la vieja catedral.

 Cuando llego, encuentro al maltrecho cadaver entre los arbustos que rodean la fachada de la catedral, por cuyas paredes cubiertas de musgo trepa hiedra. Siempre, a pesar de tantos años como auror, siento la misma sensación al ver a alguien sin vida, por tan terrible crimen. Me acuclillo frente al cuerpo. Su mano derecha aún rodea con firmeza su varita, de unos 28 centímentros, de tilo. Al fijarme en ese detalle, veo su reloj. La esfera está rota, señalando las once y dieciocho minutos.

 Un escalofrío me recorre el cuerpo. Aquél familiar reloj roto, que parecía enterrado en un lejano sueño, y que ahora había regresado desde la eternidad. Empiezo a mirar alrededor del cadáver en busca de la otra señal, y encuentro cerca del cuerpo una negrísima pluma de cuervo. Trago saliva con fuerza y levanto la vista hacia el alcalde.

   -¿Encontrastéis esto también en el cuerpo de Margareth?

 El alguacil se alza de hombros.

   -No sabría decirle. Por aquí hay muchísimos cuervos, señorita Salem, es habitual que haya plumas

 Señala el torreón semi derruido de la Catedral. en efecto, varios cuervos nos sobrevuelan, pero yo sé que no es una casualidad.

   -¿Y el reloj?  - Inquiero. - ¿También estaba roto el reloj de Margareth?

 El alguacil se alza de hombros.

   -Si. Lo estaba. Pero pudo haberse roto con cualquier hechizo...

 Me levanto de un salto. Siento una lejana voz, una voz que creí ya olvidada, y que ahora paecía tan cercana que hasta la sentí corpórea: "Algún día, volveré. Y tú, desearás estar muerta"

 Por un instante, siento que voy a desvanecerme mientras miro el cuerpo sin vida del joven.

   - ¿Se encuentra bien, señorita Salem? -me pregunta el alguacil.

 Yo le miro, pero no sé si llego a verle, pues solo veo un rostro que regresa desde la eternidad de aquellos recuerdos que intenté enterrar en vano. Niego con la cabeza.

   -Debo informar sobre esto al Cuartel General de Aurores. Mientras tanto, que toda la familia Lovelly se agrupe en algún lugar en el que puedan estar protegidos. Enviaré más aurores para que sean protegidos...

   - Pero... ¿Qué ocurre?

   -Corren peligro.

   -¿Es que usted sabe algo más?

 Miro al alguacil. Estoy segura de que si, pero en cambio, digo:

   -Aún no puedo decírselo.

 Me voy del lugar, apesadumbrada. Su voz se repite en mi cabeza:   "Algún día, volveré. Y tú, desearás estar muerta"

  Y ahora, han regresado...
Read More …


Estaban jugando en el jardín, alegres y despreocupados. Kat, con casi 5 años, se entretenía cuidando de su hermano Dan, de 3. Hacía no mucho que su tío le había regalado su primer juego de escobas voladoras y aunque su padre no le dejaba volar todavía, le gustaba la quaffle. Estaba hecha de cuero rojo, rellena de espuma, firme pero lo suficientemente blanda para no hacer daño a unos niños. Dany, sentado en el suelo, se reía cada vez que Kat le arrojaba la pelota, cerca suya. Éste la cogía con sus manecitas y con un torpe movimiento se la devolvía.

Su madre, dentro de casa, les observaba de vez en cuando por la ventana de la cocina. Estaba haciendo la cena. aunque era pronto aún. Esperaba que su marido viniera después de un duro día y le estaba haciendo su plato favorito. Mientras, escuchaba la radio. En ese momento sonaba música de los 60, y ella canturreaba un “Obla-di obla-da”.

De repente, apareció por la cocina el patronus de su marido, que con voz ronca dijo: “Ha sucedido algo terrible. Stephan... Voy enseguida” Ella se asustó cuando se apagó la voz del patronus y éste se desvaneció. Se limpió las manos con el paño de cocina y apagó el fuego. No tenía medios para responder a su marido, ya que en ella no vivía la magia, así que se frotó las manos impacientes esperando que llegase cuanto antes.

Mientras, los dos niños jugaban en el jardín ajenos a todo.

Con un chasquido, Charles Tyler se apareció en el jardín, con la chaqueta desabrochada y despeinado. Kat detuvo su juego al verle llegar y corrió hacia él.

-Hola papá... has llegado pronto a casa, ¿jugarás con nosotros?

El hombre miró con cariño a la niña y le pasó la mano por el pelo, forzando una sonrisa, pues no se sentía con fuerzas para sonreír.

-Ahora no, Kat. Tengo que hablar con mamá.

Ella se encogió de hombros y volvió con su hermano, aunque jugando con desgana, ya que había notado algo raro en su padre. Mientras, Arlyne ya había salido de la casa para recibir con un beso a su marido. Él se lo devolvió con necesidad, y después la abrazó con fuerza, refugiándose en los brazos de ella. La mujer le tomó de la mano y entraron en la casa, sentándose en el sofá del salón. Lo miró inquieta, retorciéndose las manos.

-¿Qué ha pasado, querido?

Con la voz cortada, el hombre al fin pudo responder, atrapando con sus manos las de ella.

-Steph... Stephan está... le-le han encontrado... no han podido hacer nada.

Ella lo comprendió al instante, aunque no quería creer lo que está oyendo. Su cuñado estaba muerto. Y su marido estaba destrozado. Soltó sus manos para sostener con ellas la cabeza de su marido, llevándola a su pecho y escudando sus lágrimas.

-¿Qué le ha pasado? -Consiguió decir al cabo de unos instantes de silencio.-

-Estaba en el río, en el Támesis. -Dijo tranquilizando su respiración-. Su coche llevaba sumergido en él varias horas. Las autoridades muggles piensan que fue un accidente.

-¿Quién te avisó?

-Un auror. Llegaron cuando supieron quién era el que estaba... en el coche. Lo... lo he visto. Estaba... -Su voz calla. No quería recordar el estado en el que estaba, el propio de un ahogado. El agua había penetrado en el coche, inundándolo-.

-Lo sé, lo sé.

En su profesión era fácil que se hubiera encontrado algún caso de ahogamiento, siendo como era, médico. Pasó sus dedos por el pelo de su marido y los ordenó. Él se puso recto en el sillón y se pasó la mano por la cara.

-Hay que decírselo a Kat y a Daniel... -Dijo con pesar. Sabía cuánto admiraban a su tío, en especial Katniss, que además entendía mejor las cosas-.

-No te preocupes por eso, se lo diré yo. Tú descansa.

Decidieron hacerlo así. Pero Charles no pudo descansar, no hizo más que darle vueltas a la cabeza a un montón de datos que no concordaban. Stephan conducía coches casi tan bien como volaba, y jamás bebía antes de hacerlo. ¿Por qué no había luchado por salir del coche? Hasta él sabría reconocer señales de lucha en él. Sin embargo, su rostro tenía un gesto como si la muerte lo hubiera tomado por sorpresa, pero al mismo tiempo apacible. Tenía muchas cosas que averiguar, y sabía exactamente por dónde empezar.

Read More …









AJEDREZ

Los muggles y los sangres sucia son tan desesperantes. 

Creyéndose pertenecer a una élite a la cual no pertenecen y nunca lo harán ni en sus más locos  sueños.

Son piezas del ajedrez únicamente. Piezas que determinarán SU futuro… no el nuestro.

Lo recuerdo tan vívidamente, como si fuese recién ayer.

Peter Nueckel,  Maestro de “Estudio de Armas No Mágicas”, a pesar de ostentar ese puesto, no era más que un profesor muy dado a la vida muggle. Desde su vestimenta hasta su forma de proceder. Un desacierto de su parte, si tomamos en cuenta que el lugar donde estábamos, Durmstrang, era una de las mejores Academias Mágicas, si no es que la mejor..








Debido al linaje de mi familia materna, estoy muy familiarizada con los indeseables muggles. Demasiado para mi gusto.  El Profesor Nueckel  no toleraba eso de mí. El saber más del tema que él,  le hacía quedar mal cada vez que yo refutaba alguna aseveración acerca de este mundo. ¡Pobre Peón!

Hubo una vez que  me pidió que me retirase del aula únicamente por contradecir algo que él decía. No era mi culpa que fuera un perfecto inútil. ¡Cómo osaba hacerme eso  A MI! 

Me levanté y, con mi habitual displicencia hacia lo que en realidad no ocupaba ni  medio segundo de mi tiempo, sonreí irónica y altivamente dispuse salir del aula en la que impartía su asignatura. Según lo que me diría  uno de mis compañeros después del incidente, era más fría mi gris mirada que los campos cubiertos de nieve de nuestra Academia.

Y ahí fue cuando nuestra pequeña partida de ajedrez comenzó.

Ese mismo día, por la tarde, el maestro envió por mí. Me pidió que no lo contradijera frente a los demás alumnos, ya que él era el que impartía la clase. “Por algo estoy aquí ¿No crees Overon?” dijo él.

“Oh , estoy muy segura de eso” le comenté con una sonrisa que si bien es cierto por fuera denotaba admiración, por dentro su significado no era más que lo contrario. El no pareció notar el doble sentido de mis palabras, porque pidió  disculpas por haber sido grosero conmigo.

Me retiré, no sin antes aceptar sus disculpas; bueno, técnicamente aceptadas, porque obviamente una frenta como aquella, en mi familia no se pasaba por alto. Paciencia, paciencia..Paso a paso se derriba al caballo y al alfil…. Y después iJAQUE MATE!

Jugué tanto con su mente...Le hice pensar en situaciones inexistentes, puse de cabeza su mundo, su autoestima por los suelos y él sin darse cuenta de absolutamente nada.

Semanas después, había revuelo en el pasillo que comunicaba a la torre de maestros. Me acerqué. Me quité la capucha de mi túnica roja vino,  y le pregunté a Ivanka que había pasado.





“Han encontrado al Profesor Nueckel muerto. No se sabe quien lo ha hecho”

“No puedo creerlo” contesté con un dejo de sarcasmo tan obvio, que por un momento llegué a creer que la chica rubia que estaba frente a mi me reprendería.

De repente, salió al paso el Director Tesky cruzando por en medio del camino que los alumnos habían hecho. Con decisión tomé su brazo y lo hice volverse. Volteó, mirándome con enfado.

“¿Se sabe algo Director?” pregunté sin amedrentarme por sus oscuros ojos. Recuerdo como emitió un gruñido que combinado con la dura y exasperada expresión, hubiesen asustado al más valiente.

“¡HA CALLAR! ¡Esto va para todos!” gritó y todos los alumnos hicieron de repente un silencio sepulcral “El Profesor Peter Nueckel ha muerto. No hay rastro de magia en su muerte por lo que tal parece que se ha suicidado. Dejen el morbo y a todos a sus dormitorios!”

Poco a poco se despejó el pasillo…uno a uno de los alumnos se fué yendo mientras murmuraban acerca de éste hecho que daría de que hablar por siglos.

Suspiré quedando al final de aquella fila. Subí mi capucha carmesí. Su sombra ocultaba mi rostro. Ivanka volvió a verme. Su rostro reflejó duda e incierto al ver claramente una irónica sonrisa sobresalir por entre la sombra de mi capa… Sonrisa que hasta el día de hoy, me acompaña.


Muggles, sangres sucias… Son piezas del ajedrez únicamente…


Read More …

De nuevo la oscuridad. De nuevo parezco estar ciego salvo por esa luz plateada que se cuela por la fina grieta de la mugrienta y áspera pared de la celda. El arrastreo de sus cadenas vuelve a sobrecogerme. Su respiración pausada y su ronca voz lanzando al aire frases en latín... La oscuridad le rodea. Aunque no pueda verle, sé a ciencia cierta que es un fantasma errante en Azkaban...

-Me burlo de vosotros necios despojos despreciables, estoy aguardandoos en mi mente.- Sus palabras se arrastran con el viento gélido. Escupidas con rabia, parecen chocar contra los muros de su celda repercutiendo en la mía. Guardo silencio apoyando mis codos sobre mis rodillas. Refugio mi rostro entre mis manos. La desesperación me llena. Su odio... su odio se escapa de su garganta.

Read More …

Oscuridad. Eso es lo que veo cuando miro a mi alrededor. Tan siquiera sé cuándo he abierto los ojos, cómo he llegado aquí, cuándo dejé de dormir… ¿o sigo dormida?
La acelerada respiración impulsa mis latidos y hace que tenga que abrir los labios para dejar entrar el aire que me falta.
Doy un paso, pues tengo miedo de avanzar en mitad de tanta negrura y tanto silencio. Mi jadeo lo quiebra, mis latidos resuenan en mis oídos… hasta la huella de mis pies descalzos se deja oír… Otro paso más y siento miedo. Uno nuevo y sigo sumida en el vacío. Dos más y puedo ver un tibio resplandor en esa impenetrable inmensidad que, ahora, se ha roto.
Read More …

Mis manos tiemblan, mi pulso acelerado agita mi cuerpo, la angustia me presiona el pecho y no me deja respirar. Tomo aire intentando llenar mis pulmones. Un agudo pitido me ensordece y mi vista se nubla... Me apoyo en la rugosa pared dejándome caer lentamente al suelo. Todo me da vueltas y el sudor humedece mi piel. Cierro los ojos para lograr controlar el mareo y las náuseas. El cansancio y el sueño comienzan a hacer mella en mí. Mis párpados se relajan y apoyo mi frente en la pared dejándome llevar. El frío me hiela y rasga mi piel, mi mandíbula tiembla y mi respiración se agita. Intento entrar en calor abrazándome a mí mismo, pero el frío de la soledad, el que siento por dentro, es aún más fuerte. Me arrincono en la oscura esquina de la mugrienta pared conjurando en mi mente mi hogar... El calor del fuego de la chimenea, mis niños a mi alrededor escuchando mis historias... Tanto vacío... me siento huérfano...
Prófugo del olvido, olvidado en la memoria de un pasado que se pierde en una memoria difusa... Una vez, mi mano sostuvo una varita, una vez me sentía capaz de cualquier cosa, pero hace ya mucho tiempo que la magia me ha abandonado. Pero aún hay algo que mantiene una luz en mí, algo por lo que lucharé mientras la vida no me abandone.
La cruel tortura de yacer encerrado tras los fríos barrotes de una obscura y solitaria prisión, me atormenta... Siento el inexorable paso del tiempo sin ni siquiera darme cuenta de que existo.
Muero a cada instante, a cada segundo de mi tiempo perdido...

"Morí el día en que me separaron de ellos..."
_________________________________________________________________________________

Una caricia... la sensación de sus dedos en los míos. El contacto de su cálida y suave piel rozando la mía. La presión de su mano haciéndome saber que nunca estaría solo. El sol brillando a sus espalda dando brillo a su oscura melena, sus verdes ojos fijos en los míos sonriéndome con el fulgor de su mirada. Sus labios curvados en una perfecta sonrisa. La fina piel de su rostro, blanca y perfecta como la fría porcelana.
Llevo mis dedos hacia su mejilla y la acaricio con suavidad. Ella cierra los ojos al contacto con mi piel, entreabre los labios dejándose besar por mi aliento. Posa su mano sobre la mía dejándome sentir su calor.
Abre los ojos, eleva su mirada. Me acerco a ella despacio sintiéndola cada vez más cerca. Su respiración contra la mía, sus ojos siguiendo los míos, mi mirada fija en sus labios, allí donde residiría mi mundo.
Read More …

Rueda de prensa Harry Potter (20 – 09 – 2023) 


Un largo silencio se prolonga, pero sé que en cuanto cruce esa puerta, ese silencio se acabará. Me encuentro en un despacho del Atrio, donde ultimo cada detalle del discurso que voy a dar delante de cientos de personas. Todo el ministerio, y la prensa nacional y europea, estarán ahí, dispuestos a escuchar esas palabras que, mañana, transcritas al papel, llegarán a miles de hogares en todo el mundo. Tomo aire, dejando los folios manuscritos que me he preparado y memorizado sobre la mesa. Me veo reflejado en el cristal de un diploma enmarcado. Siento un escalofrío, mi cara pálida, más cara que de costumbre, las ojeras profundas tras la larga noche sin dormir en el cuartel tras el asesinato de Maron Oldwest, perpetrado por los asesinos de la Pluma y el Reloj... A todo ello se suma lo que va a ocurrir ahora. 
Read More …

Era un día de septiembre del año 2000. Como cada septiembre, a punto de finalizar el verano, la temperatura cambiaba trayendo consigo la tristeza consecuente de la despedida anual de la temporada estival. Todos despedían el verano con la tristeza amarga de volver a sus rutinas diarias. Sus trabajos, sus escuelas, sus negocios... Todos dejaban el verano con el mismo sentimiento de aflicción, pero manteniendo la sonrisa, pues todo verano se va, pero al año siguiente, otro llega.
 No obstante, no para todos el verano regresa. 
 Con las manos hundidas en los bolsillos de mi pantalón observo la calle a la que da mi ventana. El despacho del Jefe del Cuartel General de Aurores en el segundo piso del Ministerio de Magia británico, sito en la capital, tiene vistas a una céntrica calle por la que cada día pasan miles de personas anónimas que dejarán su rastro anónimo en la acera, rastro invisible que la niebla borrará por la noche, al posarse en el suelo con un frío y húmedo beso.  Nunca me gustaron esas vistas, pero el jefe del Departamento de Seguridad Mágica no quiso atender mis quejas. No me gustan las calles concurridas, el sonido de las bocinas de los coches me desconcentra de mi trabajo, y para colmo, huele a combustible y a tubo de escape. Prefería la independencia de un despacho pequeño, cuya ventana daba a un callejón silencioso, pero al parecer, ése no era el lugar del Jefe del Cuartel. Y ahí llevaba ya varios años, soportando al gentío y sus voces bajo la ventana, las bocinas, los coches, la vida urbana en su expresión más mortifera y feroz en la cosmopolita ciudad británica. Años en los que ni siquiera mi despacho era un remanso de tranquilidad en medio de la vorágine voraz de la orbe.
 Tan inmerso en esos pensamientos comunes del día a día en el cuartel de Aurores me hallo, que tardo en escuchar el sonido de unos nudillos tocando a mi puerta. Me vuelvo, las manos entrelazadas a la espalda.
   -Adelante.
 Anuncio. Mi secretaria, Dorothy Trevor, una mujer sexagenaria y amable con gafas de gruesos cristales, me mira desde el umbral con una sonrisa emocionada. 
   -Señor Hoffman... El señor Potter ya está aquí.
 El señor Potter. Una sonrisa se abre paso en mi rostro cuando escucho eso. Hacía apenas una semana que había recibido la carta del ilustrísimo Director de la Academia de Aurores y colega, Dereck Haythowrne, informándome de que Harry James Potter, El Niño que Sobrevivió, ya había terminado su formación en la Academia de Aurores, y que iba a ser destinado a comenzar sus prácticas en el cuerpo, sugiriéndome que fuera mi ayudante. En la carta, argüía que el joven mago, una leyenda de nuestro tiempo, héroe nacional a gran escala, tenía un sobrado talento y que quería que tuviera un gran mentor para que le acompañara en la que sería su siguiente gran aventura. Haythowrne decía que no veía a nadie mas calificado para ser el maestro de Potter en el cuartel que a mí mismo, no solo por ser el Jefe del Cuartel, sino por ser yo. De sobras era sabido que no era amigo de los aduladores, que no me veía tantos méritos como me eran atribuídos, pero en el caso de Dereck, no me molestaba. Le conocía y sabía cuan dificil era para él adular a alguien. 
   -Hazle pasar, Dorothy -digo, manteniéndome de pie junto a la ventana por la que antes miraba.
Read More …


     Dicen que se le puede tener miedo al propio miedo, que el miedo va más allá de cualquier miedo y que cualquier miedo puede ser el propio miedo. Hay veces en las que creo que es cierto, que no hay mayor miedo que el propio miedo y otras en cambio difiero. Era un muchacho común y corriente, rebelde y de gran autoestima al igual que ahora pero algo cambió en mí cuando descubrí cual era mi Boggart. Un ser cambiante que se muestra ante los ojos de quien le ve como su mayor temor. Estaba solo en una de las habitaciones de “El Caldero Chorreante” pues allí me habían dejado mis padres en mi tercer año para ir a ultimar las compras de última hora. Estaba sentado en mi escritorio escribiendo una carta para Albus cuando mi recordadora resbaló y tras caer al suelo rodó hasta meterse debajo de la cama. Dejé la pluma a un lado del pergamino en el cual redactaba mi carta y me puse de pie, caminé hasta mi cama y al acuclillarme para recoger mi recordadora algo salió de debajo de esta. Me eché hacia detrás asustado hasta chocar contra la pared y entonces lo vi... Sombras difusas que se movían serpenteantes haciendo el amor entre sí, oscuras más incluso que la oscuridad. Una neblina muy tupida las envolvía haciéndolas aún más escalofriantes si cabe. Me quedé inmóvil horrizado observando la siniestra escena y cerré los ojos fuertemente para dejar de verlo. Pero aquella figura de extrañas sombras seguía frente a mí. Escuché la puerta abrirse y la voz de mi padre:
-¡Scorpius! -Gritó llamándome y yo abrí los ojos sólo para correr hasta él. En aquel momento dejé de ver aquella terrible sombra la cual cambió de forma para convertirse en el peor miedo de mi padre.



   En ese momento comprendí algo: nuestros miedos es lo peor a lo que podemos llegar a enfrentarnos. El miedo convierte en débil al valiente, en valiente al débil, en vulnerable al invulnerable... El miedo, es eso que nos roba el aliento sin avisarnos, eso que nos impide dormir en las noches, eso que convierte en pesadillas nuestros mejores sueños. El miedo es eso que mora en el corazón de todo hombre, pues no hay hombre que no tema o miedo que se deje vencer por el hombre.
   Aquel día me di cuenta de que mi Boggart era distinto al del resto de hombres por lo que yo y el resto de conocidos y profesores sólo llegamos a una conclusión: que mi mayor miedo es el propio miedo, que no hay nada a lo que le tema más que al miedo, y que mi mayor temor es el miedo a tener miedo.

Read More …

El chasquido de esa puerta al cerrarse sentencia mi soledad. Vuelvo la vista al frente cuando estoy sola. Todo a mi alrededor es oscuridad y no distingo más que el aire viciado que naufraga en la estancia. Tomando aire, me empujo a mí misma a avanzar en mitad de la negrura imperturbable. Miedo, siento miedo. Quizás por primera vez en mi vida desde aquella en la que me vi sin mi hermana. Ella tampoco está ahora para cobijarme en la seguridad de sus brazos. Pero algo cambia. Más allá, en el fondo difuso que parece no tener fin, un destello parece brillar con luz propia, pues nada podría hacerlo relucir en el negro espacio. Aún con el temblor en mi cuerpo, avanzo hacia allá, temerosa. Poco a poco puedo verlo.
Mis ojos, ya acostumbrados a la oscuridad, ahora se nublan a causa de las lágrimas. Mi tiempo se quiebra, se rompe, todo se resquebraja hasta hacerse añicos.

-Lisbet... -musito en mitad del silencio-. ¿Lisbet? Pregunto aún sabiendo que nadie va a responderme. Su cabello negro cubre su rostro pálido. Su piel blanca es ahora más clara. El dolor me invade. Siento que todo se desmorona y algo se me escapa de mí. Me fallan las fuerzas, me quedo sin nada y todo se cae al suelo, conmigo, con ella, frente al cuerpo vacío que ahora parece tan frágil. Un grito de dolor se rompe en mi garganta cuando las lágrimas se desbordan y mi cuerpo toca el duro suelo que ahora quisiera fuera de fuego para abrasarme en él.

Lo que más quiero, mi vida entera ahora yace sin alma frente a mí y no soy capaz de abrir los ojos, solo gritar y repetir el nombre de mi hermana incesantemente sin obtener respuesta alguna. Ahora me siento desamparada... Desamparada y fría como ella cuando mis dedos temblorosos rozan la fina piel de su mejilla. Abro los ojos despacio y trato de armarme con la fuerza suficiente para arrastrarme hasta ella acortando la escasa distancia que nos separa. Mi cuerpo se arrastra hasta que puedo apoyarme en el suyo y llorar sobre ella, aunque ya sus manos no me consuelen. La tomo entre mis brazos, queriendo verla abrir esos ojos que tanta seguridad y protección me daban. Su pelo negro no me deja vera y aparto los cabellos con sutileza acariciando su tez aterciopelada. -Hermana... no me dejes sola... Yo que tanto tiempo estuve sin ti y ahora me dejas así...Sin más... -Veo caer mis lágrimas sobre su rostro frío, pero ya apenas las siento. Solo siento el dolor de la muerte, su muerte, mi muerte...- Sin ti estoy vacía, Lisbet...


En mi memoria, una joven de hermosos cabellos negros y transparente mirar me sonríe y me dice que
siempre estará a mi lado. Ahora está ahí, vacía y demasiado frágil en mis brazos rotos. -Tú eres mi orgullo, hermana... Tú eres la única persona por la que sé lo que es seguir amando... Acariciando su pelo, la llevo contra mi pecho y le abrazo tan fuerte que me hago daño, pero ya no hay más dolor que ese que ella ha clavado en mi pecho. En nuestro abrazo solo siento frío. Frío... demasiado frío. -Hermana... -digo con la voz quebrada- Tú me has dado el honor... Tú que eres mi tesoro más preciado, no te me vayas así... -beso su mejilla fría- Vuelve a darme la protección de tus manos, vuelve a darme tu voz para no dejar de escucharte... -suplico meciéndole en un abrazo que ya no siente. Pero una voz en mi interior me hace volver a la realidad convenciéndome de que mi hermana sigue viva y que esto es solo una prueba... Una muestra más de que el amor es la magia más poderosa que existe. Aún así, esa tentación, ese dolor que ha causado en mí el dolor más grande jamás sentido, me hace seguir abrazando el cuerpo inerte de quien es mi hermana, mi madre, mi joya, mi todo. Pero es solo una ilusión... "Solo una ilusión, Lynae...". Con esas palabras en mi mente, abro los ojos, que ya han dejado de llorar, y me aparto de ella. Me duele hacerlo, me duele por el hecho de ver a mi hermana así, pero no lo es. Con las pocas fuerzas que me quedan, me pongo en pie y cierro los ojos. -No existes. Todo es una ilusión...

Me mantengo erguida, con esa imagen fría y vacía en mi mente. Pero sé que solo es mi mayor miedo y que no me voy a dejar vencer por ello porque la misma sangre de mi hermana corre por mis venas y eso me enorgullece y, eso, me da fuerza. Abro los ojos y ante mí ya no veo el cuerpo sin alma de mi hermana, madre, orgullo y razón de existencia. Ahora ya no existe el miedo. Ahora ya no hay dolor... Solo el rastro frío de las lágrimas que me desangraban en llanto entre alaridos de dolor y su nombre en mi garganta. Ahora solo veo como mi miedo cambia. Miles de imágenes difusas se retuercen ante mí hasta que algo comienza a tomar cuerpo, nitidez y sobriedad. Algo que se postra ante mí. Ella. Su pálida piel. Sus ojos verdes. Su esbelta figura. Su altivo mirar. Su cabello rojo. Ella. Yo. Siento como si estuviera frente a un espejo. Pero no lo hay. Me muevo y ella no lo hace. No hay cristal que nos separe, no hay reflejo que nos refleje. Me fijo en ella, en mí... En su pecho puedo distinguir un rojo brillo. Es la piedra Asgard. En mi mente todo es confuso, mas siento que he vuelto a vivir. He superado la prueba.


Escucho el chirriar de las grandes puertas abriéndose a mi espalda y yo sigo de pie, en mitad de la negrura.


















Read More …

Todo cambia, todo se termina, todo muere.
Como las estaciones, una sucede a la otra.
Como termina el invierno y comienza la primavera.
Como la flor que nace en primavera y muere en otoño.

Cuando la flor nace en primavera,
Piensa que vivirá toda la vida,
Que tiene un mundo que embellecer por delante,
Que tiene vida por vivir.

Pero pasa el verano,
y la gente ya la ha visto.
Con el otoño y las hojas
Ella también se cae.

¿Por qué mueren las flores en otoño?
¿Mueren porque la planta se ha cansado de sostenerlas?
¿Muere porque la flor ya no quiere ser flor en esa planta?
Simplemente mueren.

Como tu amor por mí.
Nació en primavera,
Lo disfrutamos en verano,
Y murió en otoño.

Pero mi amor por ti
No morirá jamás.
Porque en mi corazón,

Siempre será primavera. 
Read More …

Era ya invierno, la segunda guerra mágica había pasado. El castillo había vuelto a la normalidad, pero siempre quedaba el recuerdo de aquellos que se habían ido. En cada lugar, en cada esquina, todos recordaban lo que habían visto esa noche.
En ese año tan trágico para todos, Bastiaan había perdido a sus padres, su casa, su vida como él la conocía. Una noche en que los mortífagos habían entrado en su casa para eliminarlo, y en el camino se llevaron, sin respeto, la vida de sus padres. Hace un año que Bastiaan estaba por su cuenta. Con la ayuda de algunos amigos, había conseguido un trabajo en Honeydukes, y el dueño del local lo dejaba dormir en el depósito a cambio de que trabajase tiempo completo. No se podía quejar.
Era día de excursión a Hogsmeade, y  Bastiaan lo sabía bien. Esperaba siempre esos días los tenía todos anotados en su calendario, porque eran una nueva oportunidad para él. Era fin de semana, Bastiaan trabaja arduamente. Torrentes de alumnos llegaban a la tienda pidiendo todo lo que se les cruzaba frente a ellos, y lo que el bolsillo les dejaba tener.
A eso de las siete y media de la tarde del día Domingo ya todo se había calmado, todo salvo el constante latir de su corazón, que esperaba ver pasar por esa puerta a alguien que no había venido. Ya no tenía esperanzas, y sabía que tenía que esperar una semana más para ver si la próxima semana ella llegaba.
Pero en ese momento en que el corazón de Bastiaan se estaba dando por vencido, sonó la campanilla de la puerta, y entro ella. Con su hermosa cabellera color oro alborotada por el viento de la calle, con un poco de nieve sobre su abrigo, con su elegancia de siempre. Con esos ojos color cielo que a Bastiaan deslumbraron, un día hace mucho tiempo en uno de los pasillos del colegio.
Bastiaan comenzó a sentir como su corazón latía con fuerza, tanto que estaba seguro que alguien que se parara a su lado podría escucharlo. Sintió como sus manos comenzaban a humedecer de los nervios. Ella era perfecta para él, tanto lo era que estaba seguro de que no tenía ni una chance de que ella lo notara. Ademas era un Gryffindor y ella una Slytherin, no había mucho mas que hablar. 

Ella con su elegante andar, caminaba por la tienda. Simulaba pensar su pedido, aunque ya había notado que Bastiaan lo estaba armando, ya que lo sabía de memoria. Cuando se aseguró de que Bastiaan no la miraba, dejó escapar una pequeña sonrisa. El chico le gustaba, pero tenía miedo de lo que él podía pensar de ella por causa de su familia. Su familia era una reconocida familia Slytherin, de esas que te ponen los pelos de punta al saber su historia, y los secretos que tienen. De esas que estuvieron del lado del Señor tenebroso, aunque siempre muy inteligentes para no ensuciarse las manos ellos para no quedar pegados. El punto era, su familia odiaba a los sangre sucia, y Bastiaan era uno de ellos.
Luego de dar un par de vueltas por la tienda admirando a Bastiaan, la chica que acercó al mostrador y le dijo el pedido, a sabiendas de que él ya lo tenía listo. Con las manos temblorosas, Bastiaan puso la bolsa sobre el mostrador y le dijo el valor de lo que se llevaba. La chica sacó su monedero y le pago. Tomó su bolsa, y luego de dedicarle una sonrisa, dio media vuelta y comenzó su camino hacia la puerta del local.
Bastiaan comenzó a ponerse mas nervioso. Quería hablarle, pero no sabía de que, nada se le venía a la cabeza en ese momento, creo que a nadie se le viene nada a la cabeza en esos momentos. Finalmente dijo lo primero que se le vino a la cabeza:
-Disculpa - Salió de atrás del mostrador con un Sickle en la mano- Te he cobrado de más.-Dejó el Sickle en la mano de la chica, aunque era mentira y sabía que debería poner ese dinero de su paga mensual-
Oh! Gracias -Dijo la chica con una sonrisa, de esas que les daba a sus amigas, esas que a Bastiaan lo ponían medio tonto. 
-Soy Bastiaan, por cierto. Bastiaan Popp.-Dijo haciendo otra vez muestra de su increíble forma de hacer el ridículo frente a ella.
La chica le estrechó la mano, otra vez con una de esas sonrisas y dijo:-Un gusto Bastiaan, soy Alana. Alana Urquhart.-
Alana salió finalmente del local, y Bastiaan, embobado, volvió a sentarse en su lugar, esperando que se haga la hora de cerrar. 
Read More …

ATAQUE EN AZKABAN

Cruzo con paso firme las inmediaciones del castillo Amaranthus, tras usar mi traslador. Todavía quedan algunas horas, por lo que voy directa hacia la biblioteca, para tener la mente ocupada en la lectura. Esta vez camino sin reparar en las obras de arte que adornan os pasillos y las estancias.

Grandes librerías envuelven el lugar, repletas de historia, cuentos y viejos secretos. Cojo un libro cualquiera, con las tapas algo desgastadas y finas hojas de papel, casi traslúcidas y amarillentas. Resulta ser de poesía. Llevo el libro conmigo a uno de los sillones. Abro el libro por una página al azar: Lluvia, Federico Garcia Lorca.

[...] Y son las gotas: ojos de infinito que miran
al infinito blanco que les sirvió de madre
Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbio
y le dejan divinas heridas de diamante
Son poetas del agua que han visto y que meditan
lo que la muchedumbre de los ríos no sabe
¡Oh lluvia silenciosa, sin tormentas ni vientos,
lluvia mansa y serena de esquila y luz suave
lluvia buena y pacifica que eres la verdadera,
la que llorosa y triste sobre las cosas caes! [...]

[...] El canto primitivo que dices al silencio
y la historia sonora que cuentas al ramaje
los comenta llorando mi corazón desierto
en un negro y profundo pentagrama sin clave
Mi alma tiene tristeza de la lluvia serena,
tristeza resignada de cosa irrealizable,
tengo en el horizonte un lucero encendido
y el corazón me impide que corra a contemplarte. [...]

No dejo de mirar el reloj, impaciente, aunque no sé el momento exacto en que sucederá el rescate. Todavía tengo libro de poesía en las manos, pero hace horas que dejé de leer.

No me percato de su presencia hasta que escucho su voz, es entonces cuando me pongo en pie, cerrando el libro.

–Mi querida Abigail... –sonríe.– ¿Buscando en la poesia una guerra de versos?

–Mi señor –saludo con un gesto de cabeza.– En realidad hace horas dejé la lectura, me quedé absorta en mis propios pensamientos –esbozo una tímida sonrisa.– Mientras espero a que el cielo cambie su color al intenso carmesí.

–Pronto, pronto será... –vuelve a sonreir.– Ah... Qué maravilloso sería poder saber en cada momento lo que ocurre...

–Cierto, la incertidumbre esta noche se apodera de cada fibra de mi ser... –No he acabado de hablar cuando la idea aparece clara en mi mente. Abro mucho los ojos al caer en la cuenta.– ¡Cuán estúpida he sido!

–Observa mi reacción, frunciendo el ceño.– ¿Qué ocurre?

¡Necesitamos un traslador, y uno de sus cuervos mi señor! –Las palabras se atropellan en mi boca por salir.– ¡Yo me convertiré en sus ojos esta noche!

–La idea le asombra. Rápidamente ordena a uno de sus elfos domésticos que le traigan un traslador y uno de sus cuervos. En cuanto llega con ambas cosas, me dice.– El elfo puede aparecerse en el barco... Sin necesidad de traslador.

–¿En el barco? ¡Maravilloso! Cómo no se me ha ocurrido antes... Lo siento –Bajo la vista, un poco avergonzada.–

–No hay tiempo para pedir perdón... ¡Rápido! -Dice, eufórico, mientras el pequeño elfo nos observa con el cuervo en las manos.–

Saco la varita y la alzo rápidamente, efectuando el movimiento del hechizo mientras apunto al cuervo.

–¡Oculi Millia!

Me es muy sencillo vincularme con el negro pájaro. Mis ojos cambian y adquiero su visión.

–Traslador –Ordeno.–

El elfo se traslada con el cuervo hacia Cetus mientras Magnus me rodea caminando en círculos, fijándose en sus negros ojos, deseoso de saber que ven mis pupilas en aquellas otras.

Me esfuerzo sobremanera en dirigir todos los movimientos del cuervo, me lleva más de lo que quiero salir del barco. Una vez fuera observo la inmensa y decadente prisión.

–Están dentro –Logro decir.–

Magnus Amaranthus escucha, paseándose nervioso.

–¿Ha funcionado? ¿Les hemos cogido por sorpresa? –Pregunta, ansioso de saber.–

–E-Eso creo, es confuso –Frunzo el ceño. El cuervo bate las alas y no deja de graznar en los pasillos, lo dirijo hacia las voces y ruidos.– Hay.... Hay explosiones

–¡Busca a Niall! –Exclama.–

Cabeceo aceptando la orden.

–Llevan las máscaras, no sé a quiénes seguir –Digo preocupada, mientras observo los oscuros pasillos de la prisión, dónde ya titila la magia de un lado a otro.–

–El dirige la misión, debe estar respaldado por dos... ¡Búscale! -Me apremia, caminando inquieto a mi alrededor.–

–C-Creo que lo tengo... Hay... Hay aurores, están enfrentándose –Sigo con el ceño fruncido, en gesto de preocupación y concentración por igual, mientras el cuervo aletea sus alas, en círculos, esquivando sortilegios y soltando agudos graznidos.-

–¿Hay bajas? –Pregunta, exaltado.–

–Ninguna baja roja en este grupo, al resto no los veo…

Mi señor no deja de caminar, la ansiedad por saber como acabará esta misión no le permite quedarse quieto.

–¡No pierdas de vista a Boswell!

Asiento nuevamente con la cabeza.

–Camina, va en busca de Saxton, supongo. El auror ha caído –Intento no perder de vista ningún detalle, a través de los ojos del negro cuervo en la prisión.–

Ya estoy segura por sus movimientos y andares de que es Niall al que vigilo, como ha ordenado mi señor.

Ignoro que mi señor sonríe triunfante en este momento, pues no le puedo ver.

–La gran gloria se aproxima...

Ahogo un gemido al ver lo ocurrido.

–¡No...! L-Le han dado, el auror sigue vivo... ¡Mierda! –Exclamo nerviosa.– El de la celda es Saxton, ya lo han encontrado.

–¿Han encontrado a Saxton? –Exclama, pues es lo único que le importa– Sigue vivo... –Dice para si mismo, pues al parecer albergaba esa duda que largo tiempo llevaba atormentándole.–

–Sí mi señor, bastante demacrado pero tiene que ser él, estaba parado frente a su celda y parecía decirle algo.

–La fortuna le sonríe a pesar de todo...

Inquiero a la criatura emplumada a posarse entre los barrotes de la celda, los que aún siguen en pie para seguir atenta a los movimientos de mis hermanos, después de que Niall reventara la cerradura.

–¡Ya está libre de cadenas! –Exclamo embargada por la emoción tras ver como le acaba de retirar las cadenas que lo tenían preso a Saxton.–

Nuevamente ignoro que una sonrisa triunfal y de alivio surca el rostro ajado por la edad de mi gran señor. Aunque percibo sus movimientos al oír el leve sonido que producen sus ropas cuando se mueve.

Sigo concentrada en mantener el vínculo con el cuervo y controlar sus movimientos para que no vuele libre y escape, dejando así de ver y resultarle útil esta noche al Gran Maestre, pero ya empiezo a notar como decaen mis energías.

Esta vez hago al cuervo posarse sobre el hombro de Saxton, pues es a él a quien no debo perder de vista, pase lo que pase.

Estoy segura de que el Gran Maestre nota en mi gesto, en mi palidez, en la fina capa de sudor que perla mi joven piel, las señales de debilidad. Pero pienso mantenerme firme cueste lo que cueste. Defraudar a mi señor, a mis hermanos, no entra en mis planes.
Levanto orgullosa el mentón y respiro hondo, como si el aire mismo pudiera darme fuerzas para la tarea.

–Siguen ahí, creo que esperan, no sé a qué...

Sabe que estoy llegando al límite de mis fuerzas, pero me insta a seguir.

–¿Están saliendo?

–Sí, han enviado un patronus y están volviendo al barco. Boswell se ha quedado atrás, puede que espere a alguien.

–¿Están todos?

–Creo que no, pero Saxton está en el barco, y hay otros dos presos, no los reconozco –Comento con algo de esfuerzo, mi respiración empieza a entrecortarse-–

Nunca antes he mantenido el vínculo de esta forma tanto tiempo. Una cosa es compartir la visión con la criatura, y otra el controlarla también.

El gran Magnus siente la tensión, mi cuerpo crispado por la concentración y por la debilidad.

Sonrío al verlos en el barco.

–Están todos mi señor.

–¡LOADA SEA LA LUZ ETERNA! –Exclama, dejándose llevar por la pasión.– Nuestra Orden resurgirá... Más fuerte que nunca.

–La gloria desde hoy es nuestra, la noche y el día, la vida y la muerte –Comento con orgullo.–

El sudor y los temblores se abren paso en mi cuerpo. Me tiemblan las piernas, incapaces de sostenerme ya en pie.
Se acerca a mí, no sin preocupación, pero sintiendo en su fuero interno que no quiere que termine ese instante. Sabe que estoy al borde del desmayo, pero no me pide que pare: soy yo quien debe decidir hasta cuando debo honrar a mi señor, piensa.
Caigo al suelo sobre una rodilla pero alzo enseguida las manos, para indicar que no es nada. Bajo una al suelo para para apoyarme.

–E-Estoy bien –Lucho por mantener el vínculo con el cuervo, a sabiendas de que puedo morir yo y el cuervo.–

Mi rostro enfermizo empieza a asustarle.

–¡Basta! -Acaba diciendo.–

En un último esfuerzo con un entrecortado gemido me yergo en pie cuan alta soy, todavía con oscuros ojos. La vista se nubla y tan pronto como me levanto caigo al suele inconsciente.

Si es la muerte quien me lleva... Ah... Bien habrá valido la pena…

Se acuclilla para comprobar que respiro, alarmado pero no demasiado como para perder la compostura. Llama a sus sirvientes, quienes cargan conmigo, hasta un dormitorio. Mi señor los sigue hasta que me depositan en una mullida cama. Se acerca con su varita, intentando traerme de vuelta.

Presa de la inconsciencia miles de plumas negras pueblan mi sueño. Poco a poco y pluma a pluma van tornándose rojas, bailando dichosas unas con otras.

Mi señor espera impaciente verme despertar.

–Vamos, Hunter…

"Hunter" se repite una y otra vez al son de las plumas. ¿Cómo es posible que graznen si son solo plumas?
Quiero moverme, quiero bailar con ellas. "Hunter" "Hunter" "Hunter" una y otra vez, una y otra vez... "Hunter" "Hunter" "Hunter" ¿Son tan caprichosas que no me quieren entre ellas?

Él se sienta al borde de la cama y coge mi mano, dando un apretón.

Es entonces cuando me percato de que no tengo manos, sino alas; tengo piel, pero cubierta con negro plumaje; no tengo labios, sino un pico tan oscuro que no distingo dónde acaba en el vacío negro que me envuelve, y que no deja de graznar: "Hunter" "Hunter" "Hunter". ¿Por eso no me aceptáis en vuestro baile? Me gustaría preguntarles. Pero no hay respuesta por su parte, sólo baile.

El Gran Maestre se fija en el movimiento de mis ojos, tras los párpados cerrados y aprieta mi mano con más fuerza. Viendo que no obtiene respuesta se sienta en un sillón cercano a la cama, y vela por mí, decidiendo cuidarme durante la noche.

Después de lo que me parece una eternidad en ese vacío oscuro, después de quedarme sin la aguda voz que no ha dejado de repetir "Hunter" "Hunter" "Hunter", después de ver como las plumas rojas han permanecido inmutables en su bella danza, decido entonces arrancarme las negras plumas; ¿Para qué las quiero, si no?

Una a una voy picoteando. Erraba al pensar que en ese oscuro vacío no sentiría dolor, pero aún así me desprendo una a una de ellas.

Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce, trece... Y las caprichosas bermejas cesan de pronto su danza, quedando suspendidas en el aire. Una de ellas se acerca de pronto, veloz, surcando la negrura, dejando una fugaz estela carmesí a su paso, y entonces se clava allí dónde una negra pluma estuvo, encajando perfectamente.
Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce y trece, han sido sustituidas negras por carmesíes.

Dichosa me siento al verlas formar parte de mí, y más aún cuando el resto de mi plumaje cambia por completo su color, ahora de un intenso bermellón, al igual que las suspendidas todavía en el aire. Puedo alzar entonces mi vuelo, al tiempo que ellas vuelven a bailar para mí. Batiendo las alas me adentro en su eterna danza y me deshago en un estallido de mil plumas más, que con gráciles movimientos bailarán, al son de un lugar sin tiempo.

Read More …

Renacer... volver a abrir los ojos en nuevo mundo, desnudo de ropas y tiempo, desnudo de sombras...
Volver atrás, ser el valeroso hombre que un día fui... Poner en marcha el reloj que de comienzo a mi nueva vida. Girar sus manecillas, escuchar el tic-tac del secundero caminando en su esfera... Siempre sin salirse de su órbita, siempre girando en su universo, siempre sin detenerse...
Quisiera poder volver a nacer, pero no se puede renacer si ya has nacido...
Nací el día en que me abrí paso al mundo sobre el suave manto blanco que poco a poco se teñía de un rojo
intenso y se convertía en el centro de mi tiempo. Nací el día en que rompí en llanto acompañado de profundos alaridos de dolor y sonrisas de triunfo en los rostros. El día en que pude respirar el aroma de la carne de la cual era carne.
El día en el que mi madre me dio un nombre. Ese día en el que todos llegamos desprotegidos, temblorosos y necesitados de unos brazos que nos cobijen y nos den amparo vistiendo nuestros desnudos y débiles cuerpos.
Yo nací ese día, y volví a nacer cuando morí en su cuerpo colmando de vida su vientre... vida que me daría vida haciéndome nacer de nuevo cuando sus llantos se convirtieron en mi propia vida...
Y de nuevo, volví a nacer 494 días después, cuando la última estrella alumbró la luminosidad ya reinante. He nacido tantas veces que ya temo volver a hacerlo, pero la más importante fue cuando nací en las sombras que me envuelven por la prófuga libertad a la que renuncié el día en que morí en el último sol del último atardecer de mi último día en el último instante de mi tiempo en mi vida... cuando le entregué mi condena a mi última estrella renunciando a quien había sido para que ella siguiera siendo quien era y volviera a nacer...
Dar tu libertad por alguien a quien amas es entregar tu vida a quien te la dio. Por eso, mi nacimiento en la oscuridad de mi celda, es el acontecimiento del que más orgullo siento a pesar de estar castigado con no volver a ver sus rostros... ¿Seguirán con vida?
La sola idea de pensar en qué habrá podido suceder en mi ausencia, me ahoga... Tan siquiera sé si podré encontrarles, o qué habrá sido de sus vidas: mi vida...

 "El cristal empañado por las lágrimas lloradas en silencio cubre la distancia que nos separa..."
___________________________________________________________________________________
Dejé atrás una bella esposa que me dio el aire que respiro. La dueña de mis mudas palabras, la musa de mi poesía callada, la reina de mi reino derruido, la bandera que alcé en mi victoria, la manecilla que completara mi reloj, la hora de más que necesitaba en mis días... Ella, perfecta...
Dejé atrás a unos niños que debían alzarse de puntillas sobre sus propios pies para poder abrazarme... ¿cómo serán ahora? ¿Quién será el dueño de sus abrazos? ¿Quién enjugará sus lágrimas? ¿Quién será elque calme sus miedos y guíe sus pasos?

"Capaz de calmar los miedos del más temeroso de los hombres... Así era quien un día fui."

Recuerdo sus inocentes e infantiles sonrisas, ¿cómo serán ahora? ¿sonreirán? Y esas miradas tan llenas de felicidad y colmadas de ese brillo tan único y especial, ¿seguirán alumbrando sus ojos?

 "Dar la vida, salvar de la caída..."
_________________________________________________________________________________
La ventana abierta dejando entrar el refulgiente brillo del sol. La brisa meciendo las delicadas cortinas. El aroma de la primavera embriagando la sala. Olía a campo y a lluvia, pero brillaba la luz...
La música inundándolo todo y unos ojos silenciosos observando desde el umbral de la puerta. Callados testigos de la magia que fluía de mis manos. Dulce princesa... te acercabas con tu inocencia al paraíso de marfil y ébano que te regalaba tu mirada.
Te hacías reina de mi reino con solo posar tus delicadas manos sobre la fría melodía a la que querías dar calor. Te llevabas mi sonrisa porque te adueñabas de ella... Y todo giraba entorno al mundo mágico que habíamos creado entre mi perfecta musa y yo, solo para vosotros, nuestra más valiosa obra: nuestros hijos.

 "El tiempo sigue avanzando..."

Noches tan blancas... alumbradas por la resplandeciente luz de la luna. Las estrellas coronando el cielo que les nombra. Un llanto quebrando el silencio, rompiendo la calma.
Los delicados pasos de mi amada llegando hasta la sala con la pequeña en brazos. Su voz dulce y melódica hablando entre el llanto del pequeño bebé que sostiene en sus brazos.
Ella entregándome a la pequeña, posándola en mi regazo.
La melodía de la luna como nana para calmar su desvelo y, mi voz, como único consuelo.

"Luna, música y mi estrella... De nuevo en mis recuerdos"
Read More …

Casi no recuerdo de cuando era tan pequeña, pero tengo muy buen sabor de boca de lo mucho que disfruté de su compañía y lo bien que me hacía sentir.

Nos conocimos a través de nuestros padres, que eran muy amigos y a pesar de formar sus respectivas familias no dejaron de verse. Todo lo contrario, solíamos veranear las dos familias por todo el Reino Unido. La primera vez que la vi, ella en brazos de su mamá y yo escondida entre las faldas de la mía.

A pesar del fallecimiento de mi madre, las dos familias siguieron manteniendo el contacto. Cuidaron mucho de mí, y su madre y su abuela se convirtieron casi en las mías también.
Agradezco todo lo que hicieron por mí durante aquellos años, el calor que me dieron.

Solíamos jugar en el embarcadero y chapotear en el lago como dos niñas tontas. Aún recuerdo los sermones de su abuela… normal si tenemos en cuenta las trastadas que hacíamos.
Muchas veces la hacía llorar, aunque no recuerdo ya porqué. Pero la quise mucho, era como mi hermanita pequeña, me encantaba cuidar de ella y que cuando tenía miedo se metiera en mi cama temblando y jugara con mi pelo para dormirse. Mi pequeña 'MiniLyn'...

Cuando llegó mi carta para ir a Hogwarts recuerdo que las dos nos pusimos como locas y partimos alguna madera del somier de su cama al saltar. Nos cayó una buena bronca, pero fue un día muy divertido y emocionante. Pero poco después nuevamente sentí el dolor de la pérdida, esta vez siendo más consciente de ello. Mi padre hizo que nos mudáramos y no volvimos a vernos. Ni siquiera pude escribirle. Seguramente se olvidó de mí, o eso pensé.



Recuerdo que con la ayuda de mi padre grabé un colgante para regalarte como recuerdo. 'Fata viam invenient'. Tenía la imagen de una mariposa revoloteando dentro, evocando a esos días tan felices que pasamos como caza-mariposas en el campo.


Primero mi madre, y luego Evelyn. En ese momento comprendí que todo a mi alrededor se desmorona y se evapora con el tiempo, no dejando más que angustia, tristeza y soledad.
Aprendí a vivir con ello, hice mía esa soledad y esa oscuridad que me invadió. No estoy hecha para tener a nadie. No puedo confiar en nadie más que en mí. No puedo depender de nadie más que de mí. No puedo preocuparme de nadie más que de mí.

Es irónico que pocos años después entraras en Hogwarts y no supiéramos nada la una de la otra, que ni siquiera nos reconociéramos por los pasillos después de todo.

Y ahora el destino nos ha vuelto a encontrar, ¿Nos tendrá algo reservado? ¿A sido simple casualidad?
Nuestras sendas han sido tan distintas… Evelyn Moncrieff, ¿Qué será de nosotras ahora?

Read More …

PoV Jakob

Las lágrimas inundaban mis pequeñas y frías mejillas. Me abrazaba a mí mismo intentando dejar de sentir frío pero era imposible... tenía miedo. Entonces escuché una voz... su dulce voz. Se acercó a mí y se sentó a mi lado, me sonrío y apartó mis lágrimas con sus suaves manos. Me sonreía y cogió entre sus pequeñas manos las mías aún más pequeñas. Mi dolor no pudo llevárselo con ella pero desde ese día mis lágrimas fueron algo más dulces. Quien siente frío de niño, lo siente durante toda su vida. Yo puedo sentir ese frío. Puedo ver a lo lejos las luces de una ciudad que duerme a través de esa ventana en la que paso los días esperando su regreso. "No volverá", me repito a mí mismo todos los días de mi vida. "El último día se fue para siempre." Pero luego siempre viene en los veranos... ¿Y si algún día no vuelve?. Rodeo con mis manos mis tobillos sin dejar de observar aquellas luces a lo lejos. "¿Dónde estarán?" Me pongo de rodillas en la cama y miro al cielo. Hay estrellas pero sigue habiendo oscuridad. Las estrellas parpadean en un oscuro cielo nocturno. Agarro el oso de peluche que descansa a mí lado. El cual ha pasado los años conmigo. Apoyo mi mano en el frío cristal sin dejar de contemplar las parpadeantes estrellas en el cielo. Brillan pero no alumbran lo suficiente. La hecho de menos. Desde el principio sus manos secaron todas mis lágrimas. Me siento muy solo, más aún desde que ella se fue. Ella me dijo una vez que las personas que amas nunca se van del todo, pero ella está tan lejos que ya apenas puedo sentirla. Me aparto de la ventana y me siento en la cama abrazado a mi peluche sin dejar de mirar a la ventana. Las lágrimas comienzan a rodar por mis mejillas. "No estás sólo." Intento que sus palabras me hagan sentir que no estoy solo pero es imposible. La soledad me asfixia. Siento miedo. Mis lágrimas bañan mi rostro. Abrazo el viejo peluche que duerme en mi regazo. Ella me ayudaba a sentirme un poco menos sólo y ya no está. Noto como el frío se cuela a través de mi pijama el cual ya se me ha quedado corto. Cierro los ojos y la recuerdo. "Siempre a tu lado, nunca lo olvides.". "Mientras me recuerdes estaré a tu lado siempre."


PoV Liesel

Siempre con su ausencia. Siempre intentando acostumbrarme a vivir sin esas sonrisas, sin esas lágrimas que solo yo sabía consolar... siempre asomada a la ventana con la triste ilusión de volverle a ver, pues los días sin él se vuelven amargos. Me alejo del frío cristal y me acerco a mi cama. Tomo aquel peluche entre mis manos y lo llevo contra mi pecho abrazándolo con fuerza, cerrando los ojos, conjurando en mi mente el momento en que me lo dio, el momento que más me dolió... Aquel instante en que mi alma se partió en dos... Sé que una parte de mí se quedó encerrada para siempre en el orfanato, en Frau Holle... perdiéndose entre todos esos niños huérfanos, perdidos, solos... Siento el cosquilleo de una lágrima descendiendo por mi mejilla al recordar la tristeza de sus ojos cuando mis dedos soltaron los suyos. Me alejaba de él... Recuerdo que después abracé con fuerza el peluche que me regaló intentando no perder su esencia. Ese fue el día en que supe que, por mucha distancia que nos separara, siempre estaríamos juntos... Siempre brillará en el cielo la misma luna, Jakob, siempre... -susurro abrazada a mi peluche en mi solitaria cama recordando el día de la despedida... cuando me miraba con su inocencia y sus ojos azules llenos de lágrimas. Le sonreí, revolví su negro cabello como hacía cuando quería hacerle reír.- Siempre estaremos juntos, pequeño, siempre... -y, tras dejar un beso en su suave mejilla, sostuve su mano con fuerza. Me entregó su oso de peluche, ese con el que compartía sus sueños y yo le regalé el libro de cuentos que siempre le leía por las noches, sabiendo que volvería a leerlos una y otra vez... Dolió, su última mirada, su última sonrisa... dolió cuando sus dedos resbalaron alejándose de los míos... Siempre se repite ese último instante en mi memoria, cuando duermo en mi cama vacia... Me abrazo a mi peluche, su peluche. Y cierro los ojos en la soledad fría de mi dormitorio. "Mientras me recuerdes estaré a tu lado siempre."

Dedicado a Jakob
Read More …